| Fotos de Iñaki Ustarroz y Marcos Carrascosa 28/08/2010
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LA SIERRA DEL ALBA
Presentación de la
reedición del libro de Avelino Hernández
Fueron unas 60 personas las que nos
juntamos a la presentación de dicho libro. La mayoría de Sarnago,
como no podía ser de otra manera, pero también de San Pedro, Trébago,
Soria, Valdegeña y otros pueblos de la comarca. Pasados unos minutos
de las 18,30 horas, comenzó el acto propiamente dicho.
En primer lugar tomó la palabra el
presidente de la Asociación Amigos de Sarnago (José Mari
Carrascosa), muy brevemente pasó a explicar como, César Sanz, en un
encuentro en Soria, le propuso presentar el libro en Sarnago a lo
cual accedió encantado “¿Dónde se podía encontrar un lugar más
acorde con el tema de la novela?”. Hizo un breve comentario de
su experiencia particular con este libro, que reconoció haber
releído en varias ocasiones y en cada una de ellas ha encontrado
cosas nuevas, todas muy emotivas e interesantes.
Pasó la palabra al fotógrafo César
Sanz, a la postre coorganizador del acto como secretario de la
Asociación de amigos de Avelino. Comenzó su intervención recordando
la figura de Avelino y sintiéndose un poco fuera de lugar al estar
sentado a este lado de la mesa, porque como reconoció “ la
oratoria no era su mejor forma de expresarse”. Seguidamente leyó
una carta de Abel Hernández excusando su asistencia y lo mucho que
sentía no poder acudir a este acto tan entrañable. A continuación
hizo lo mismo con otra misiva del escritor soriano Pepe Sanz, en la
que catalogaba el libro, y por supuesto al autor, como un referente
de la cultura soriana.
En el turno de la palabra del crítico
y librero César Millán, hizo una amplia exposición del contenido del
libro. Explicó como se había cambiado la portada, se había buscado
una más acorde con el argumento de la novela. Pasó a reconocer que
de no ser por esta obra seguramente nunca hubiese descubierto
Tierras Altas y por tanto se hubiese perdido de la belleza de los
paisajes y de sus gentes. Hizo un encendido homenaje al libro, al
que catalogó como referente y de obligada lectura para conocer estas
tierras, una de las más olvidadas dentro de la provincia. Al final
de su intervención catalogó de grandes logros los que los vecinos de
Sarnago estaban consiguiendo en la rehabilitación del pueblo en
general y de sus viviendas en particular. Como punto final leyó el
pequeño párrafo que Avelino dedicó a Sarnago, en el que relata donde
acabó el último vecino del pueblo.
Como colofón tomó la palabra Teresa
Ordinas, viuda de Avelino. Con una gran emoción nos deleitó con unos
pajes del libro, preparados para la ocasión.
Nuestro amigo Iñaki nos
relató su experiencia particular con esta obra. Como por casualidad
cayó en sus manos este libro, después de leerlo en varias
ocasiones,(llegando a obsesionarse) acabó comprándose una moto para
recorrer todos y cada uno de los pueblos relatados en la novela.
Miguel Ángel San Miguel y Bonifacio
hicieron una encendida exposición sobre el abandono de los pueblos y
recalcando que Sarnago NUNCA ha estado abandonado y del esfuerzo que
ha supuesto para los que venimos al pueblo poder conservar y
restaurar casas, museo, cementerio, lavadero, etc..
Al finalizar el acto, se obsequió a
todos los asistentes con un vino y unos aperitivos, preparado para
la ocasión por la Asociación Amigos de Sarnago. Este vino sirvió
para confraternizar e intercambiar saludos y experiencias con todos
los que nos acompañaron, haciendo conocidos y amigos.
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LA SIERRA, un viaje de ida y vuelta.
"Carta leída por César Sanz en la presentación del libro"
En años de infancia, la Sierra
era la montaña, a veces verde, a veces morada, pero siempre inmensa,
que escondía a mi vista los pueblos y caminos de los que provenían
mis mayores.
Siempre interesantes, las historias que nos contaban mis padres
traslucían un algo de misterio y de añoranza que no parecían tener
las historias que hablaban de nuestro pueblo. Un algo que, aun
siendo niño, me hacía percibir un sentimiento de respeto y, ahora lo
sé, de admiración por aquellas personas que vivieron , y entonces
vivían aún, de un modo austero y apegados a costumbres curiosas.
Pero la Sierra siempre se presentaba infranqueable para un niño sin
arredros para culminarla y pasar del valle del Tera al valle de las
Merinas, hollando los senderos yangüeses sobre la Sierra de Montes
Claros y de la Sierra del Alba.
Después,
en tiempos de adolescencia rebelde y arrogante primera juventud, me
olvidé, casi apostatando, de la Sierra. Aquellas gentes y aquellos
modos de vida me parecían poco menos que inferiores en una escala
social en la que primaban las luces de neón y los pasatiempos de
moda. No había hueco en mi agenda de sentimientos para personas y
actos que se habían quedado anclados, a mi entender, en el pasado.
Tuvieron
que venir lustros de madurez y medios de locomoción propios para
acercarme, sobre todo por curiosidad, hasta los lugares de los que
nos hablaban las historias que desgranaban los padres en las noches
frías, al amor de la lumbre y bajo la luz azulona del candil de
carburo.
Y así
comenzó mi conversión, mi reencuentro con la Sierra. Porque tras
cada viaje, al toparme con los rescoldos de los camposantos, con las
casas y calles precintadas por zarzales, con silencios sólo rotos a
intervalos por el ventalle, evocaba las voces paternas y caía en la
cuenta de que todo lo contado y oído era verdad. Que aquella tierra,
bendecida por una inconmensurable naturaleza, se había vuelto hostil
con sus hijos, como si quisiese retornar a su pasado inhóspito para
el hombre y apetecido para los dinosaurios.
En esas
estaba cuando conocí al Avelino a través de sus primeros libros.
Primero SILVESTRITO, luego UNA VEZ HABÍA UN PUEBLO y después, cuando
acababan los ochenta del siglo pasado, LA SIERRA DEL ALBA. Y tras su
último párrafo me ganó para siempre para su amistad y para el amor a
la Sierra. Porque me agrandó fronteras desgranando sobre el papel la
letanía de pueblos por los que había pasado el ángel exterminador
del abandono. No lloraba sólo de pena, lloraba también de ternura.
He
vuelto una y otra vez a esos lugares, hoy casi sagrados para mí, en
los que abrevo la belleza de sus soledades y me fustigo, en la parte
que me toca, por no haber sabido mantener encendida la llama de
aquella tierra con regazo de madre y modales de madrastra.
Soy
consciente de que aquellas gentes y su forma de entender y aguantar
la vida, no volverán. Pero también sé que esta reedición de LA
SIERRA DEL ALBA, va a reverdecer sentimientos y a través de ella
vendrán hasta la Sierra gentes nuevas que, estoy convencido, sabrán
comprender que están pisando las cenizas de nuestros mayores. Nada
menos. Yo no lo olvido, ni tampoco olvido a mi amigo del alma, el
Avelino, que me enseñó a querer más y mejor una tierra a la que él
también amó con corazón sincero.
Pepe Sanz |
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Sarnago, de nuevo.
Por Isabel Goig
(Texto
extraído de su blog http://actualidadsoriaysuspueblos.blogspot.com/)
¿Qué podemos decir de Sarnago y sus gentes
que no hayamos dicho ya? Y, sin embargo, cada vez que ascendemos los
algo más de tres kilómetros que separan la carretera del pueblo, por
camino de tierra, lo hacemos con la ilusión del primer día y, a la
vez, con la familiaridad que da el hecho de haberlos recorrido
tantas veces y sentirse ya un miembro más de esa colectividad.
Este año la Asociación de Amigos de
Sarnago ha celebrado los treinta años de su existencia, y lo ha
hecho mezclando tradición y modernidad, abriendo las puertas a unas
actividades en su mayoría culturales, que los habitantes del antiguo
despoblado –hoy floreciente pueblo con vecinos censados y casas
restauradas- acogen con ilusión, pese al esfuerzo que supone el
tener que organizarlo todo entre ellos, en hacendera. Al frente
sigue José María Carrascosa, incansable.
El número 3 de la revista Sarnago, cuatro
contando el 0, sale a la luz con 48 páginas. La presentación es,
como cada año desde su aparición, el acto que convoca a más
personas. La comentaremos en la actualización de otoño. Junto a la
presentación de la misma, a cargo de Miguel Ángel San Miguel, los
sarnagueses han escuchado al juglar Nino Sánchez. Otro día fue Abel
Vitón, con la escenificación de “Las Tierras de Alvargonzález”, de
Antonio Machado. Pero también sus tradiciones de siempre les ha
unido: las Móndidas y Mozo del ramo. El recuerdo a San Bartolomé.
Misa y procesión. Y de fondo, en el local habilitado para
exposiciones, una sala frente a las del Museo Etnográfico, una
exposición de fotos de César Sanz, quien también se ha implicado en
hacer de Sarnago un referente cultural soriano.
En fin, que ha sido un mes, este de
agosto, en el que los sarnagueses han dado una vez más ejemplo de
buen hacer. Pese a que, como diría José María Carrascosa,
públicamente, en las juntas de la Asociación se discute y no todo
son rosas. En la discusión está el germen de las ideas llevadas a
cabo, así que bienvenidos sean “esos más y esos menos” si el fruto
es el que vemos año tras año.
Sólo pudimos acudir a un acto, el último,
que tuvo lugar el día 28, a las 18,30. Fue la presentación de la
reedición del libro de Avelino Hernández “La Sierra del Alba”. Esta
publicación que vio la luz en 1989, ha sido reeditada una y otra
vez, siendo, la que se presentó en día 28, la sexta. No nos extraña.
“La Sierra del Alba” se ha convertido en estos veinte años en libro
de cabecera de muchos sorianos y de otros que, como el pamplonés que
se compró una moto para recorrer los lugares de la narración, han
hecho del libro un objeto de culto.
“La Sierra del Alba”, de Avelino
Hernández, en su sexta edición, a cargo de la Asociación Amigos de
Avelino, se dio a conocer con la presencia de su viuda, Teresa
Ordinas, llegada desde Mallorca para tal evento. En la mesa, además
de ella y de José María Carrascosa, estaban César Sanz y César
Millán, ambos miembros de la Asociación, además de fotógrafo y
librero respectivamente.
Fue el acto que culminó una serie de
ellos que con motivo del 30 aniversario de la Asociación de Amigos
de Sarnago, han tenido lugar a lo largo del mes de agosto de 2010.
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